La FA en atletas representa un escenario fisiopatológico y clínico complejo. Se ha
documentado que la actividad física puede aumentar el riesgo de fibrilación atrial(FA) en atletas activos o ex competidores, especialmente a aquellos que practican deportes de resistencia. Hay diferentes mecanismos involucrados y responsables en el desarrollo de la arritmia, como los cambios estructurales de la aurícula izquierda, influencias del sistema nervioso autónomo con tono vagal aumentado y el uso de sustancias prohibidas con efectos arritmogénicos. Las dificultades en el manejo de la FA en los atletas pueden derivarse del bajo cumplimiento de la terapia anti arrítmica (poca tolerancia, riesgo de dopaje) y la complicada selección de estrategias adecuada para la prevención del riesgo tromboembólico. De hecho, la mayoría de los atletas son jóvenes, sanos, sin ningún factor de riesgo particular, excepto por la hipertensión arterial, que puede ser el único factor de riesgo en la evaluación de la terapia antitrombótica usando el sistema de puntaje de la escala CHA2DS2-VASc.
La integración de la puntuación real con biomarcadores séricos y otros factores clínicos puede ser útil para identificar a los pacientes que más se beneficiarán de la anticoagulación. Hoy en día, los anticoagulantes orales no antagonistas de la vitamina K (NOAC) son una opción razonable cuando el puntaje CHA2DS2-VASc = 1 (con otros factores de riesgo potenciales) pueden representar una alternativa válida a los antagonistas de la vitamina K en la prevención del accidente cerebrovascular isquémicos debidos a la FA, y con un mejor perfil de seguridad.

Fuente:  J Cardiol, Oct 2018, 72(4):269–276